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Durante la última semana se ha sabido que dos de los integrantes del equipo de Team Queso en CRL habían decidido abandonar el equipo para poder centrarse en sus estudios. El hecho de que profesionales tan jóvenes compitan en Clash Royale al más alto nivel genera un debate que hay que poner sobre la mesa.

El jugador inglés, Saint Belikin ha fichado por la sección de eSports del Getafe, lo que le permitirá competir en la liga LPE, destinada a equipos del deporte tradicional con apartado en eSports. Este hecho le permite competir de forma on line en la liga y poder continuar sus estudios, caso parecido ocurriría con Anthony que aun no ha anunciado su equipo.

Si vemos las estadísticas, la media de edad de los jugadores profesionales de Clash Royale es sorprendentemente baja. Desde que apareciera el juego de Supercell, el número de jugadores profesionales menores de edad es muy alto. Esto supone un problema en competiciones como la CRL dónde los equipos se tienen que trasladar durante unos meses a Estados Unidos y por tanto, dejar la vida que tienen en sus paises atrás.

El problema de trasladarse a otro país, no tendría por qué ser traumático para los profesionales, sin embargo, si hablamos de chicos que rozan los 18 años, el asunto cambia. Sin saber si podrán dedicarse durante mucho tiempo a vivir de Clash Royale y con la incertidumbre de tener los estudios básicos, decisiones como la de Belikin se entienden cuando se piensan en frío.

Similares casos se han visto con la normativa de la LVP en Superliga Orange, dónde jugadores han tenido que esperar hasta un año para poder competir en la liga por no tener los 16 años requeridos. El talento joven es algo extraordinario, pero siempre hay que tratarlo con mucha cautela, jugadores muy jovenes con muchísimas personas que les siguen y grandes contratos con los equipos.

En definitiva, aunque el talento joven dentro de los eSports siempre es una buena noticia, el debate está abierto sobre los problemas que puede tener la prodesionalización de estos jugadores debido al momento en el que se encuentran. La CRL ha supuesto un punto de inflexión que debe de hacernos reflexionar sobre la conveniencia de las competiciones presenciales y el futuro a largo plazo de los jugadores con los que hoy disfutamos ver las competiciones.

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