Por qué The Last Of Us: Parte II debe ser el GOTY...

Por qué The Last Of Us: Parte II debe ser el GOTY 2020

Oda a Naughty Dog

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Joel y Ellie, en una escena de The Last of Us: Parte 2.
Joel y Ellie, en una escena de The Last of Us: Parte 2.

El año 2020 ha sido el año de grandes lanzamientos en el terreno de los videojuegos. Desde el más que esperado Final Fantasy VII Remake hasta el elogiado Ghost of Tsushima. Incluso quedan por delante tres transatlánticos por salir, a caballo entre los últimos coletazos de la actual generación y los que «abrirán el melón» de la siguiente. Hablamos, por supuesto, de Cyberpunk 2077, Assassin’s Creed Valhalla Watch Dogs Legion. No obstante, quien escribe estas líneas ya tiene videojuego favorito para los Game Awards 2020. Y aquí, la apuesta es clara: The Last of Us: Parte II.

Con tres ‘Tripe A’ por estrenar, sería osado decir que el título de Naughty Dog es mejor que el resto. Estando en el mes de octubre, y con la nueva generación a un mes de salir al gran público, más aún. Pero The Last of US: Parte II profundiza en las virtudes que ya le vimos al primero de la saga y, por si eso fuera poco, ha puesto de manifiesto la necesidad de toda una sociedad de continuar con el progreso ideológico y moral que, sin ninguna duda, ya es imparable.

Nos será inevitable caer en algún SPOILER, por lo que, si aún no has disfrutado del juego, te recomendamos que lo hagas antes de continuar leyendo este texto.

La relación Ellie-Joel y la importancia de un «te quiero»

Durante el tramo final de The Last Of Us (la primera parte), vemos que Joel, el protopipo de tipo duro americano con cierto aire a Chris Redfield, comienza a abrirse a Ellie. Toda la partida manejando a un hombre hermético y en las últimas horas le coge cariño a la niña. La escena de las jirafas, el detalle tonto de sacrificar a la humanidad para que sobreviva, la última escena, mintiéndole mientras se miran a los ojos… Pues todo esto salta por los aires en, prácticamente, la primera escena.

Joel entra al cuarto de Ellie con una guitarra y le canta una canción en la que confiesa que «le ha salvado» y, en resumidas cuentas, lo muchísimo que la quiere. Un amor paterno-filial del que ella también se siente parte. Porque, a pesar de decirle que no creía poder perdonarle por lo que hizo, quería intentarlo. Existe amor y agradecimiento, aunque nuestros protagonistas no se atrevan a expresarlo explícitamente por ese miedo a la pérdida. Un miedo que comparten porque ambos perdieron a casi todo el mundo que apareció en sus vidas. Y un miedo que, en el caso de Ellie, se hace real.

retraso de the-last-of-us-2 y posibles motivosTras los sucesos con Abby, Ellie sufre trastorno de estrés postraumático. Algo que no se manifiesta hasta que la joven forma una familia junto a Dina y el pequeño JJ. Como en el caso de Batman, es la violencia la que le mantiene ocupada la mente. Mientras recorremos la aventura no se hace ninguna referencia a esas imágenes de Joel ensangrentado o gritando, momentos antes de morir a manos de la musculosa mujer. La necesidad de venganza consume a Ellie, algo que se refleja de forma casi paródica en un momento del tramo final del juego. Buscando una puerta, masculla en voz alta: «Abby, Abby, Abby, Abby, Abby…» mientras intenta no desangrarse.

La espiral de violencia consume a Ellie, que se enajena y comete actos despreciables que, posteriormente, justifica como parte de su venganza. En el último momento se da cuenta de lo que está ocurriendo y de que esa espiral le ha costado todo lo que amaba. La escena del primer plano del mástil de la guitarra mientras se la ve alejándose de la casa es el intento de Ellie de dejar atrás el pasado.

«The Last Of us: pARTE ii PONE DE MANIFIESTO LA NECESIDAD de toda una sociedad de continuar con el progreso ideológico y moral que, sin ninguna duda, ya es imparable. pOR ESO, MERECE EL gOTY 2020».

Abby, Lev, la pareja Ellie-Dina y los roles de género

Si The Last of Us: Parte II tiene algo de lo que enorgullecerse a nivel de género es de hacer, de verdad, una apuesta en firme por variar los roles en sus protagonistas. Aunque todo está auspiciado por la muerte de Joel al inicio del juego, los personajes importantes son todo mujeres. Tommy, Owen, Jesse o Manny aparecen como apoyo en ciertos momentos de la trama. Además, la integración del personaje de Lev en este sentido es muy buena.

Además, la inclusión de las orientaciones sexuales busca huir de los prejuicios. A Ellie le gusta Dina, que es bisexual y justo acaba de romper con Jesse. La actitud ruda de Ellie o la coquetería de Dina no se sienten artificiales, sino como rasgos de su propia identidad. El nuevo modelo de familia que forman ellas dos, junto a JJ, también. Dentro de que se podrían establecer los roles dominantes dentro de la pareja, ninguno de sus integrantes responde a estereotipos.

Abby, en una escena de The Last Of Us: Parte II.
Abby, en una escena de The Last Of Us: Parte II.

Este triángulo, que no es tal, sí está más definido en el de Mel, Owen y Abby. Una Abby que, por cierto, no es Arnold Schwarzenegger. Me explico: más allá de su apariencia ruda y musculada, Abby siente, llora, ríe, ama, se excita y parece dolor. Esto es algo que el videojuego insiste en explicarnos mediante un (tedioso) capítulo. Abby lo sacrifica todo para salvar a Yara y Lev, un chico trans. Y lo hace porque ve inocencia en sus rostros, porque cree que no podrán sobrevivir por sí mismos. En un transcurso de apenas dos días se enfrenta a los Lobos y le dice a Lev: «YOU are my people» (TÚ eres mi gente, renegando de su antiguo grupo). Neil Druckmann se esfuerza en mostrarnos la humanidad de Abby, a quien primero nos hace odiar con toda nuestra alma.

Un golpe de realidad a través de un videojuego

Y si todo esto de los roles y la identidad de género está bien integrado es porque se hace sin clichés. La musculada Abby, en base a los cánones de personaje de «toda la vida», sería una máquina de matar sin corazón ni sentimientos. Terminator. En cambio, el juego te muestra su humanidad, su disciplina y su feminidad. En el caso de Lev, su transgresión, valga la redundancia, transgrede hasta sus propias creencias como serafita, que tiene muy arraigadas. Incluso a Seth, el del bar de Jackson, le afean un comentario homófobo a Ellie que inicia una pequeña trifulca antes de todos los acontecimientos.

Decía Druckmann que Naughty Dog no pretendía que los jugadores se divirtieran con su obra, sino que pensaran. A la vista está lo desagradables que son algunas muertes y combates durante la partida. Creo que The Last of Us: Parte II consigue eso y mucho más. Y por eso, por intentar ir más allá de las superficiales hordas de infectados, por poner el foco en la humanidad, como concepto filosófico y como conjunto de personas tanto dentro como fuera de la obra, merece el Game Of The Year 2020.

Hay juegos que han cambiado la industria a todos los niveles. Sin embargo, ninguno ha evidenciado las carencias de una sociedad como este lo ha hecho. Y sí, hablamos de las críticas sin jugarlo, de la transgresión y la aceptación de los roles de género y de la diversidad de identidad sexual. Hablamos del viaje psicológico de los personajes. Y todo ello haciendo que los jugadores se replanteen muchas cuestiones por el camino.

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