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Ocelote deja de ser CEO de G2 Esports, fin del comunicado. Con pesar, a marchas forzadas y después de desatar una polémica histórica en los esports, el fundador de uno de los equipos más importantes a nivel mundial en los esports se cae de su propio proyecto después de una semana repleta de líos con el nombre de Andrew Tate como detonante.

Sólo la mente de Ocelote sabe lo que ha pasado por su cabeza en la última semana pero es indudable que hace ocho años, en la gestación de los samuráis, algo despertó en él un deseo de ir mucho más lejos de lo que fue aquel joven midlaner y esa conversión ha acabado con un equipo campeón, una marca internacionalmente conocida y una polémica que lo deja en el camino para salvar la imagen de su creación.

Las palabras de Ocelote pesan como un dardo al corazón de los fans, y en su despedida ha sido cristalino con respecto a la decisión: «no puedo creer lo que voy a decir pero mi tiempo en G2 ha llegado a su fin, lo que significa es que me bajo del puesto de CEO. Puede ser chocante para muchos de vosotros, creedme, es un final muy difícil. He conocido a gente fantástica en el camino, pero tomo toda la responsabilidad por todo lo que ha pasado en los últimos días, y creedme cuando os digo, me siento destruido por eso, deberíais saberlo«.

Visiblemente emocionado y con el deseo de recordar todos aquellos momentos felices por los que quiere ser recordado, Ocelote deja en su mensaje una sensación total de despedida a pesar de un cierre donde cruza el idealismo de los samuráis para volver a levantarse en un futuro, una reencarnación a priori lejana que a día de hoy dejan huérfano tanto al equipo como a él mismo en la industria por sus acciones.

Riot le dio la puntilla a Ocelote

El escándalo de Ocelote con el famoso vídeo y la reacción posterior fue el desencadenante de la salida de última hora de G2 Esports de las franquicias de Valorant en el VCT en la región de Norteamérica, un palo para el club que sin duda ha afectado a la imagen, al presente económico y a la representación global de la marca tanto a nivel de marketing como con los anunciantes.

Con esa lógica y la decisión de Riot no es una locura decir que es precisamente la compañía la que ha empujado indirectamente a Ocelote para llegar a una conclusión dura para el español por lo que ha sido capaz de construir en el competitivo, una imagen de marca que se ha caído en sólo días y deja al equipo en un limbo. Y es que Carlos Rodríguez bien puede llevar una losa consigo en estos días por generar un huracán de algo que podría haber cambiado con otra actitud, algo que nunca sabremos pero que se quedó a medias tras la ausencia de disculpas y la extrañeza de los comunicados.

Ocelote era G2 y G2 era Ocelote, una sociedad inimaginable sin uno de sus dos actores que ahora necesita reinventarse con sólo una de las dos partes, pero el gen ganador de la marca junto al éxito de los últimos años debe ser el punto de partida para construir. Ahora Caps, Romain Bigeard o Kenny deberían ser los referentes del equipo, veremos si es suficiente para mantener la imagen a corto plazo.

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